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Mostrando entradas de abril, 2012
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Los domingos suelen ser tediosos, a menos que los salve el asado o el fútbol. Ayer no hubo nada de eso. Pero no me quejo, el martes de forma inesperada nos dimos el lujo de compartir un regio asado en familia, con bastante alcohol y mucho chimichurri. Debí comer menos chimi, pero sinceramente a mi viejo le sale muy bien.
En cuanto al fútbol, es cierto: lo extraño. Desde que uso lentes no he vuelto a jugar, quizás por miedo, estoy demasiado acostumbrado a ellos. Si me los saco, el mundo se torna borroso. Así que sin lentes, no serviría ni de arquero. De todas formas no me vendría mal hacer ejercicio físico, últimamente sólo corro cuando juego a la pelota con uno de mis sobrinos. Aclaro, no jugamos al fútbol, jugamos a la pelota.
Regresemos al principio para empezar a contar, los domingos suelen ser aburridos y más si uno no realiza ninguna actividad, si se queda en su casa a chupar frio, a conectarse a Facebook, a jugar en Pottermore. Al menos dos de esas cosas, de alguna forma, entr…
1Si me preguntaban dos horas antes, yo les decía que quería quedarme en casa y dormir. Hace tiempo que me estoy dando cuenta de algo: estoy viejo. No me surgen las ganas de salir y ni que hablar de ir a bailar. Pero este sábado salí y bailé.Tengo un amigo que es un entusiasta de la noche, él me dijo que no me ortibe y lo acompañe. “Además -agregó- van los chicos y hace mucho no estamos todos juntos”. Ese dato me alentó un poco más. Aún así no estaba de muy buen humor, por lo que me negué a acompañarlo a Banfield y terminamos en los suburbios de Burzaco. Es decir, en plena estación.Como acostumbramos, hicimos nuestra previa en la plaza. Compramos un litro de cerveza y nos pusimos a hablar sobre la vida, sobre la nada, sobre esas cosas de la que se habla entre amigos. Por un buen rato fuimos tres esperando a que llegara el cuarto. Y de pronto llegó Jimmi, la momia. Nos miró y nos dijo: “Ustedes acá sentados me hacen acordar a nosotros, en los setenta, en plaza Francia. Éramos jóvenes. N…
Ansiedad
1Si esto fuese un cuento, habría un narrador que contaría en pretérito perfecto todo lo que sucedió. Entre otras cosas, diría que hubo un él que al llegar a su hogar se encontró sin suministro eléctrico, comió y se fue a dormir. Entre sueños, el protagonista de ese cuento se figuraba que al despertar ya no habría problemas con los que lidiar, pero la realidad -incluso en algunos cuentos- no suele ajustarse a los deseos. Entonces, diría el narrador, al despertar se encontró con que todo seguía igual.El narrador entonces introduciría una nueva información. El protagonista del cuento necesitaba la electricidad para acceder a su ordenador, conectarse a Internet y contarle algo su amiga. La noche anterior había pensado en llamarla, pero estaba seguro de no querer molestarla. Y, por otra parte, sabía que ella podría llegar a gritarle por telefonearla a deshoras.A la mañana esos temores ya no tenían razón de ser. Entonces él, finalmente, la llamó. Encontró agradable volver a escuchar…
Letras inconscientes

1Debí haberme enamorado de la hermana. Pero por entonces yo buscaba lo excéntrico y ella, que entrenaba en un circo -practicaba acrobacias en tela-, se decía bersuitera y vestía pijamas, era la excentricidad en persona. Su hermana tenía mi edad. Íbamos juntos al colegio y nos habíamos hecho conocidos en el último año, cuando unieron las dos comisiones de Economía. Recuerdo que le gustaba escuchar Pink Floyd, tocar la guitarra y leer. También que alguna vez me había comentado que le preocupaba usar sandalias porque tenía “un dedo mutante”. Yo no lo había notado hasta que me lo señaló, el dedo medio del pie derecho era un centímetro más largo. “Parece que hago fuck you con el pie”.A uno de mis compañeros le gustaba y fue por él que la conocí. Al poco tiempo pegamos buena onda, intercambiábamos libros, pero más que nada opiniones. “Tal autor es genial porque critica el sistema capitalista y la opresión discursiva de la escolaridad”, “esa novela nicaragüense narra la l…