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A confesión de parte...

Sé que hoy tendría que publicar la entrada sobre la que todos mis lectores discutirán a lo largo de la semana, pero la verdad es que estoy algo retrasado con mis tareas para la facultad: tengo muchas lecturas pendientes y todavía tengo que ejercitar mi latín. Entonces, este fin de semana me la pasé escuchando música, mirando películas y leyendo cosas que no debía leer.

¿Puedo serte sincero, fiel lector? Ya le perdí el gusto a esto de escribir para publicar. Puedo pensar que hay muchas razones por las que eso sucedió, pero el más sincero es este: ya no tengo las mismas motivaciones que al comienzo. En el primer post quería contar, luego quise imitarme, ahora sólo me gustaría seguir. Inercia, que le dicen.

Hay otro motivo, hace unas semanas abandoné a mi lectora implícita. Ella además de ser, de algún modo, la destinataria de los textos, era quien los corregía. Pero un día me dije: no debería molestarla con "esto". Y cuando uno refiere a su texto con un pronombre es porque no le gustó lo escrito. Desde hace unas semanas, entonces, desde que dejé de pensar en ella como destinataria -sólo para obligarme a no pasarselo- la cosa se me tornó más complicada. Sin saber a quién uno se dirige, tampoco sabe muy bien qué decir ni cómo hacerlo.

El Qué. Dicen que sólo hay dos cosas indispensables para la escritura: tener algo que decir y decirlo. Eso que parece tan sencillo, siempre me costó. Aún así, debo suponer que la vida me irá dando nuevas anécdotas para contar y que sabré identificar cuáles pueden ser escritas y cuáles no. Hoy, no ha sucedido nada. Y, aunque algún episodio del día podría ser contado, tampoco le pondré muchas ganas. Acá al lado, a diez centímetros del teclado, me espera el último capítulo de una novela que quiero terminar de leer. Sinceramente, siempre me importó más leer que escribir.

El Cómo. Hasta ahora siempre vine imitando mi primer entrada. No veo nada de malo en eso. Tampoco le veo nada bueno. Sólo le veo el sentido práctico: ya estoy acostumbrado a hacerlo así.

Como verán, salvo que ustedes no vuelvan, esto no es una despedida, sino, más bien, a penas una confesión de parte: hoy no tengo nada que decir y tampoco tengo la intención de imitar al joven que publicó la primer entrada, que eligió una forma de presentación del discurso dividad en cinco partes.

Sé que hay personas más constantes. Si ustedes son lectores constantes, busquen escritores constantes. Yo me ofrezco así: interrumpido y fragmentario. Si les gusta, quizás sigamos compartiendo este algo que con el tiempo fuimos creando.

Saludos,


hasta algún lunes*.

Nota al pie:

* Seguramente no dejo pasar una semana, incluso para quejarme de lo poco que estoy escribiendo o de que nunca terminé el capítulo de la novela o para hacerles saber de mis otros blogs para los que sí escribo.

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