Ir al contenido principal

Letras de canciones

1

Es lunes por primera vez en la semana. Pienso que antes me era más sencillo y grato esto de escribir. A los quince años, creo, empecé a garabatear algunas cosas. Por aquel entonces yo estaba empecinado en aprender inglés traduciendo canciones y, por un diccionario de Clarín, había descubierto que las letras de Radiohead me gustaban mucho. Como los de ahora, mis primeros textos fueron, a fuerza de transcripción, epigonales: un devoto plagio.

Este fin de semana me sentí cerca de ese muchacho que fui, de la mano de un amigo volví a escuchar un tema que ya no recordaba: Thinking about you del disco Pablo Honey. Irremediablemente entré al mundo Radiohead por ese disco, pero por otro tema: Creep. Esas dos canciones eran como himnos frente a lo que me pasaba con una de las tantas chicas a las que admiré. En este caso, ella escribía y a mí me encantaban sus textos. Recuerdo que le brotaban los adjetivos y que los asentaba en el lugar preciso. Para mí esas cosas que contaba y la manera en que lo hacía la tornaban especial. Y del otro lado yo me sentía creep (funesto) y weirdo (bicho raro).

2

En uno de los tantos baúles que hay en casa tengo alguno de mis papeles. Impresiones de todo tipo: dibujos realizados en el paint, fotos en blanco y negro con frases de canciones, tablaturas de todo tipo —anyone can play the guitar— y, finalmente, una carpeta con esos noveles textos. Mi juvenilia.

Ahí comprobé, satisfactoriamente, que no sólo había copiado las letras de  Radiohead. Por aquel entonces leía muy poca poesía —lo sigo haciendo, la poesía me parece un lenguaje al que no puedo acceder— y las letras de canciones suplían esas lecturas. Andrés Giménez y Martin Gore eran mis poetas predilectos. El primero por el ritmo que tenían algunas de sus letras, con él comprendí que hay cosas que nacen para ser cantadas cuando aún no conocía la palabra cadencia. Recuerdo que había escrito un poema que decía así:

Dentro de mí, dentro de mi ser,
encontraré algo en qué creer:
Una razón para no ceder,
para luchar.

El poema seguía, pero mi memoria no lo retiene y tampoco estaba en el baúl. Pero sé que lo publiqué en la antigua página a la que solía entrar. (El ritmo es el de Revolución).

3

Con el tiempo entendí que pretenderse un bicho raro era otra manera —quizás negativa, y muchas veces elitista— de sentirse especial. Por suerte también aprendí a no sentirme especial. Así dejé de pensar que era un bicho raro.

Por otra parte, tampoco nunca me gustaron las dádivas, así que también supe alejarme de ciertos lugares. Supe mudarme. Cruzar de vereda. Seguir letras.

4

Gore es otro al que siempre imité. En su momento me gustaban sus canciones porque eran políticas y bailables: Tora! Tora! Tora!; Master and Servant; People are people. Pero también sus temas de corte más intimista. Recuerdo que en una época me la pasaba escuchando Somebody.

De alguna manera quería escribir como él, pero como sabía que incluso el mejor de mis esfuerzos quedaba muy por debajo de mis expectativas, decidí publicar las pocas cosas que me agradaban bajo un seudónimo y luego varios. 

Los himnos personales van cambiando. En una época fue Insight. Más tarde, actualmente, Suffer Well y su estribillo bailable.   

5

Ahora son las tres de la mañana, la gente duerme. Pablo Honey se repite: You, How do you? I Can’t (stop) Thinking about you, Ripcord.

Termino acá, maldigo mi educación. No puedo encontrar las palabras para decir las cosas atrapadas en mi mente. (Oasis)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Nostalgia de cosas que no he vivido

IAgustín, «El Mudo», el que no puede saber ni hablar de lo que pasó con su familia. Él es el protagonista de la novela. Él —siete, ocho, diecisiete años— está tratando de construir su propia identidad en una familia que se desintegra. Yo leo esa novela: El amor nos destrozaráLove will tear us apart» se repite una y otra vez en un cassette que encuentra Agustín. No lo escucho. Escucho/leo otro estribillo, el de la novela, el del personaje/voz narrativa, «quiero acordarme».¿Se acuerda? ¿No se acuerda? ¿Acaso sabe?La memoria, la familia, la hermana muerta no le hablan, no le cuentan, no le resuelven los problemas. Lo único que le habla está en un idioma que va aprendiendo. Agustín no sabe, no supo, no sabrá; nosotros tampoco. La novela es eso: la experiencia de la incertidumbre.IIYo podría escribir esa especie de reseña, pero me niego. Así como me niego, incluso en prácticas imaginarias, a escribir una reseña que dé cuenta del argumento o que ofrezca un resumen parcial de los texto. ¿P…

Entrevista

Leo una entrevista a Zambra. Ha pasado algo de tiempo desde la última vez que leo algo asociado a él. Es uno de esos escritores que, si no fuera tímido, recomendaría todo el tiempo. Una pregunta que le hace el periodista de La tercera, medio chileno, me sorprende. La respuesta de Zambra me causa gracia. Aldo Perán: — ¿Te sientes más cerca de Piglia o de Aira? Alejandro Zambra: —¿Así como Boca-River?... Alguna vez, por acá, dije que leer a Zambra me hace pensar en cómo sería mi vida si yo hubiese descubierto a Borges en alguna librería de Santiago. Las cosas siguen siendo más o menos así. Descubro la literatura que me rodea por Zambra. Aparentemente, hay una bifurcación. En algún momento uno tiene que elegir entre Piglia o Aira. Y si no elegís por ninguno de los dos, ¿qué pasa? A veces es innegable: la literatura es una actividad tan exigente como la moda. La literatura es moda. Y uno no escapa a eso.

Una vez en la secundaria...

IUna vez en la secundaria, vino un sexólogo a dar una clase de salud sexual. Abrió la puerta del aula y dijo: "Todos somos bisexuales".Después de esa presentación pretendió que lo escucharamos.IIUna vez en la secundaria, el profesor de biología nos dijo que el ser humano se puede volver adicto a cualquier cosa y que todo era una droga. Para sostener ese argumento dijo "de hecho, uno se puede volver adicto a consumir agua, eso se llama potomanía".Luego, claro, nos dio la definición de droga y algunas otras cosas más. Sólo recuerdo eso.IIIUna vez en la secundaria, el profesor suplente de físico-química (físico coño) nos preguntó si existía el frío y todos respondimos que sí. Luego, nos dijo que no existía, que lo que existe es el calor y que el frío sólo se puede medir a partir de la ausencia de calor. Por lo tanto, el frío no existe.Confrontar con lo que dijo la profesora de Literatura de tercero.IVUna vez en la secundaria, la profesora de Literatura del último año …