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Espectáculo poético A mi viejo, al parecer, le gustan los leves anacronismos. Hoy, por ejemplo, me comentó un chiste anecdótico sobre la vida de Quevedo. —¿Conocés la anécdota del viaje de Quevedo en tren? —No, no lo conozco. —Estaba Quevedo viajando en el tren, solo, en su camarote. De pronto, le agarran unos retorcijones en la panza. Entonces, quiso ir al baño. Al ver que estaba ocupado volvió al camarote y decidió asomar las nalgas por la ventana para hacer sus necesidades. Lo que advirtió fue que el tren se estaba aproximando a una estación en la que debía hacer una parada. Allí, en el andén, había una señora que, una vez el tren se detuvo, vio el espectáculo que ofrecía el poeta y grito: —¡Ay, Qué vedo, qué vedo! Tras lo cual, murmurando, Quevedo expresó: —¡Qué fastidio, hasta por las nalgas me conocen!