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Mostrando entradas de 2014

Cine para dos

Domingo 21 de diciembre de 2014. Loma verde, Planeta Tierra. Digamos que ella se llamaba, se llama y se sigue llamando Araí y él, Emiliano. Araí y Emiliano. Al final, Araí se va a su casa y Emiliano se queda en la suya. Araí llega a la casa de Emiliano. Una de sus manos sostiene una bolsa blanca. Él lo sabe, ha traído helado: dulce de leche granizado y menta. No recuerda cuándo fue la primera vez que le enseñó esa combinación —que el había conocido, a fuerza de no conseguir su tan amada crema del cielo, una tarde cualquiera—, pero todavía siente como una victoria que a ella le haya gustado esa fórmula. Si le preguntan, ella dirá que antes tenía la idea de que el helado de menta no le gustaba. Por cierto, consumía menta en más de algún postre o bebida. Algunas ideas resultan tenaces, lo que no se opone a su posibilidad de ser erróneas. Aunque Emiliano la había invitado, no previó tener algo más que una Coca-Cola en la heladera. Así las cosas, la noche de películas sería acompañad…

De Cine

IVamos al cine. No recuerdo cuál fue la última película que fuimos a ver solos. No es relevante: ahora estamos yendo a ver El libro de la vida.IILa primera película que vimos juntos y a solas fue Casablanca. No, no somos tan viejos. Cuando la película se reedito, en 2012, fuimos a verla, solos. Ella estaba hermosa. Recuerdo que había llevado unos aros. No sé por qué, pero siempre que los usa pienso que le resaltan la mirada.En la sala seríamos unas diez personas. Parejas de todas las edades y nosotros.Todavía no éramos novios. Sin embargo, como el gordo que soy, al salir de la función comí un sándwich de albóndigas.La película, que nunca había terminado de ver, me gustó mucho.IIISemanas atrás habíamos decidido que iríamos a ver esta película. El jueves, día de estreno, buscamos, en el sitio del cine, información sobre la película y no encontramos nada. Optamos, entonces, entre Gone Girl y la película de W. Allen. Nunca vi una película de Allen en pantalla grande. A pesar de eso, voté …

Lecturas atrasadas

IHace mucho tiempo, un amigo me recomendó que leyera La naranja mecánica. Hasta ahora, la había empezado tres veces y nunca la había concluido. Finalmente, el viernes la tomé y dejé a un lado el sentido del deber: me interesaba conocer la obra escrita porque ya había visto la película y, además, porque quería poder opinar con conocimiento sobre la polémica entorno al capítulo 21. Terminada de leer, necesité escribir lo de aquí abajo: IIComo lectura forzada, «La naranja mecánica» puede llegar a ser uno de los peores desafíos. Relato distópico canonizado, utiliza una jerga —nadsat— que puede espantar a más de un lector, incluso, y con más razón, en las ediciones que vienen acompañadas de un glosario.La novela cuenta la historia de Alex, un joven cuya violencia adolescente se disipa en el capítulo final: crece, se vuelve un adulto y quiere “crear”, es decir, reproducirse. La adolescencia, en una especie de epifanía, se le presenta como mecanizada, los jóvenes, comparados con máquinas de …

Una vez en la secundaria...

IUna vez en la secundaria, vino un sexólogo a dar una clase de salud sexual. Abrió la puerta del aula y dijo: "Todos somos bisexuales".Después de esa presentación pretendió que lo escucharamos.IIUna vez en la secundaria, el profesor de biología nos dijo que el ser humano se puede volver adicto a cualquier cosa y que todo era una droga. Para sostener ese argumento dijo "de hecho, uno se puede volver adicto a consumir agua, eso se llama potomanía".Luego, claro, nos dio la definición de droga y algunas otras cosas más. Sólo recuerdo eso.IIIUna vez en la secundaria, el profesor suplente de físico-química (físico coño) nos preguntó si existía el frío y todos respondimos que sí. Luego, nos dijo que no existía, que lo que existe es el calor y que el frío sólo se puede medir a partir de la ausencia de calor. Por lo tanto, el frío no existe.Confrontar con lo que dijo la profesora de Literatura de tercero.IVUna vez en la secundaria, la profesora de Literatura del último año …

Nostalgia de cosas que no he vivido

IAgustín, «El Mudo», el que no puede saber ni hablar de lo que pasó con su familia. Él es el protagonista de la novela. Él —siete, ocho, diecisiete años— está tratando de construir su propia identidad en una familia que se desintegra. Yo leo esa novela: El amor nos destrozaráLove will tear us apart» se repite una y otra vez en un cassette que encuentra Agustín. No lo escucho. Escucho/leo otro estribillo, el de la novela, el del personaje/voz narrativa, «quiero acordarme».¿Se acuerda? ¿No se acuerda? ¿Acaso sabe?La memoria, la familia, la hermana muerta no le hablan, no le cuentan, no le resuelven los problemas. Lo único que le habla está en un idioma que va aprendiendo. Agustín no sabe, no supo, no sabrá; nosotros tampoco. La novela es eso: la experiencia de la incertidumbre.IIYo podría escribir esa especie de reseña, pero me niego. Así como me niego, incluso en prácticas imaginarias, a escribir una reseña que dé cuenta del argumento o que ofrezca un resumen parcial de los texto. ¿P…